Píldora postcoital

La incorrectamente llamada píldora postcoital (en realidad se administran un mínimo de dos píldoras), tiene como principio activo el levonorgestrel y está comercializada en España con el nombre de NorLevo, con la indicación de anticonceptivo de emergencia dentro de las 72 horas siguientes a haber mantenido relaciones sexuales sin protección o al fallo de un método anticonceptivo.

Se trata de un fármaco que, contrariamente a lo que algunos de modo erróneo pudieran creer, no es un auténtico anticonceptivo, pues no trata de preparar a la mujer para evitar la fecundación. Es un «contraceptivo», pues trata de impedir el desarrollo de una concepción ya realizada. En atención a sus características de acción antiimplantatoria del óvulo fecundado y de la consiguiente expulsión del mismo es un fármaco que sirve para acabar con la vida incipiente de un ser humano en los momentos iniciales de su desarrollo biológico. Esta afirmación, quizás escandalizante para algunos, sólo puede ser actualmente malinterpretada desde la ignorancia, ya que el estudio publicado en Nature por la Dra. Zernicka Goetz (4 Jul 2002) ha acabado definitivamente con el viejo concepto de que la diferenciación celular sólo comenzaba a partir de la implantación, estando ahora demostrado que el cigoto se comporta como un organismo vivo inductor de su propia diferenciación y desarrollo desde la primera división celular. Por ello, clarificando términos, la píldora postcoital debe incluirse en el grupo de los métodos abortivos.

En España, actualmente, este fármaco se reparte gratuitamente en algunas comunidades autónomas (Andalucía, Baleares, Cataluña, Madrid…) y la Ministra de Sanidad anunció ya en Octubre de 2004 que se está estudiando su gratuidad para toda España, contemplándose la posibilidad de venderla sin receta en las oficinas de Farmacia. Sin embargo, en Inglaterra, se ha demostrado ya que esta píldora postcoital es ineficaz para los objetivos perseguidos (reducir el número de embarazos no deseados) ya que con su uso parecen asumirse más riesgos en las relaciones sexuales, trivializándose las relaciones sexuales que, como decía alguien tan poco sospechoso de «fácil moralina» como Ghandi, siempre deberían ser relaciones responsables.

Adicionalmente, es de esperar que la distribución de esta píldora entre los jóvenes y niñas desde los 13 años, de forma gratuita, tal como se ha planificado en Madrid, y sin conocimiento de los padres a partir de los 16 años de edad, promueva hábitos sexuales irresponsables en los adolescentes, conduciendo a la promiscuidad. ¿Alguien espera lo contrario?.

De hecho, también en Inglaterra, estas propuestas se consideran ya un fracaso de planificación en salud, ya que no sólo han provocado que las enfermedades de transmisión sexual hayan crecido un 62% entre los jóvenes de 19 años o menos en 2002, sino que se han saldado con casi 40.000 embarazos en chicas de 15 a 17 años, según los datos de la Health Protection Agency. Por ello, en esta primavera, el gobierno británico piensa lanzar una imaginativa campaña para estimular las conductas sexuales estables y responsables de los jóvenes. Nosotros, ¿cuándo?



Dr.Luis Granados Galainena
Especialista en Obstetricia y Ginecología
(Revista Médica nº 53, Junio 2005)