Encarnizamiento procreativo

Ante el anuncio del gobierno de enviar al parlamento una nueva ley sobre técnicas de reproducción asistida he sentido cierta perplejidad en mi conciencia. Es de todos conocido que el anterior gobierno realizó algunos cambios en la legislación sobre estas cuestiones tras un largo proceso de consulta y reflexión. Además, los cambios introducidos venían a poner un cierto limite a lo que algunos han denominado encarnizamiento procreativo.

Siguiendo la estela de las últimas legislaciones aprobadas en Europa, se intentaba crear un marco para que estas técnicas no se salieran del ámbito médico, limitando que degeneraran en una fuente de material biológico para la investigación. En el momento que escribo estas líneas y con un cierto conocimiento de causa, puedo afirmar que la nueva propuesta se encuentra en las antípodas de la anterior reforma ya que se está haciendo con una rapidez inusitada, sin consultas directas con los expertos de diversas sensibilidades éticas.

Todo parece indicar que no existe una prudente reflexión, sino más bien una voluntad de imponer de forma automática la propia postura. Es más, el anteproyecto se pliega a las demandas de las clínicas de reproducción asistida y deja en manos de los profesionales de las mismas diversos aspectos que tienen una fuerte trascendencia social: explicación de las implicaciones éticas de estas técnicas, determinación de la edad de las mujeres que pueden ser tratadas etc. Pero no sólo hay cuestiones de forma, que se podrían haber mejorado en este anteproyecto; hay también cuestiones de fondo muy preocupantes.

 Así, se acepta el acceso a estas técnicas sin ningún tipo de edad límite. No se pone ninguna cortapisa a la congelación de embriones y el uso de los mismos está abierto a todo tipo de investigación. Junto a esto, el diagnóstico preimplantatorio se amplía a situaciones en las cuales la destrucción de embriones afecta también a los plenamente sanos pero que al no poseer una determinada carga genética no tienen derecho a subsistir. Evidentemente estos hechos no son sorprendentes, pues cuando uno admite caer por una cuesta abajo es difícil parar la aceleración propia de ese movimiento.

Hace ya más de veinticinco años se aceptó en nuestra sociedad la creación de seres humanos en los laboratorios. Todos los que ahora defienden esta reforma prometían que sólo se utilizaría en el contexto de parejas estériles y que nunca un embrión sano sería utilizado para investigar. El paisaje ahora es muy diferente.

Actualmente, se pretende investigar con los embriones para perfeccionar las técnicas, dictaminar quien vive o no según su carga genética o transferir un embrión a una madre sin padre conocido condenando al hijo a ser huérfano. Y no todo queda aquí. El anteproyecto de ley sólo prohíbe la clonación para procrear ¿Es que el legislador piensa admitir la clonación de investigación?

En resumidas cuentas ¿facilitar al máximo tener un hijo y sin defectos, justifica el medio a través del cual pretendemos realizarlo? ¿No estaremos admitiendo a través de la compasión y el caso límite una ética de ciertos colectivos, para los cuales todo es admisible y que los límites de hoy son simplemente una táctica para seguirlos ampliando mañana? ¿No es esto un encarnizamiento indigno con la procreación humana? El embrión humano –todos lo hemos sido- es el proletario del siglo XXI; él no se queja, pero tras él estamos cada uno de nosotros y el futuro de nuestra sociedad. Por eso luchar por sus derechos es irrenunciable.



Dr Luis Miguel Pastor Garcia
Director del Master en Bioética de la Universidad de Murcia
(Revista Médica nº 50, Marzo 2005)